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Misterios

Publicado en julio 20th, 2018 | by oscar

El misterio de la colonia inglesa que desapareció sin dejar rastro

Si algo ha demostrado la Historia es que, independientemente de los años que se vayan acumulando en el calendario, existen misterios cuya solución quedará oculta en los albores del tiempo.

Así ha quedado claro gracias a sucesos inexplicables como la muerte de Amelia Earhart durante el Siglo XX o, viajando algunos siglos en el tiempo, lo que acaeció con más de un centenar de personas que, entre 1587 y 1590, desaparecieron sin dejar rastro de la colonia inglesa de Roanoke (en el Nuevo Mundo).

El devenir de aquella comunidad es, a día de hoy, un enigma sin resolver que desconcierta al mundo. Y es que, cuando los británicos llegaron a lo que había sido un próspero fuerte habitado por sus paisanos en Norte de América (y que había pasado tres años incomunicado debido a la guerra contra España) hallaron una ciudad totalmente desierta y tan solo una palabra escrita en un árbol: «Croatoan».

Fueron 117 personas las que dejaron sus hogares sin dejar rastro, como si sus presencias se hubieran volatilizado en el ambiente dejando un aliento frío, la angustia del misterio y la incomprensión de la capital británica, al desconocer qué había sido de sus súbditos asentados en un pequeño condado de la actual Carolina del Norte.

A lo largo de la historia encontramos casos muy semejantes al ocurrido con la colonia de Roanoke. Personas que dejan sus casas, sus enseres e incluso sus platos llenos de comida en total soledad como si algo o alguien les hubiera dado prisas, como si las circunstancias fueran tan alarmantes, que fuera cuestión de vida o muerte el irse o quedarse…

Es posible que la palabra “Croatoan” te sea conocida. Hay diversos libros que cuentan esta interesante historia, e incluso el tema ha aparecido en algunas series de televisión, como por ejemplo, “Sobrenatural”.

Los primeros asentamientos británicos en Norteamérica

Las ansias por parte de la Reina Isabel I por disponer también de sus colonias en Norteamérica empezaron a materializarse en 1584. Uno de esos primeros asentamientos se produjo bajo el mando de Philip Amadas y Arthur Barlowe, en una expedición que les permitió dar con una isla interesante, y a simple vista apacible: era la isla de Roanoke.

Se dice que los nativos no eran hostiles, al menos al principio. Se trataba de dos grupos. Por una parte estaban los secotan y por otro, los croatoan. Las relaciones eran tan positivas que incluso el propio Barlowe volvió a Inglaterra con dos croatoan, los cuales, les permitieron profundizar un poco más en su cultura y la geografía de la zona.

Ahora bien, con el tiempo, empezaron a surgir pequeños problemas con los indígenas. Desaparecieron copas de plata y se acusó a los nativos, de ahí que se iniciaran disputas, roces y más de algún problema. Tanto fue así, que según cuenta la historia, hubo un momento en que el corsario Sir Frances Drake pasó por la Isla Roanoke de casualidad tras una incursión en el Caribe, encontrándose con que los colonos y los nativos se hallaban en plena batalla. Optó por llevarse a los colonos con él para devolverlos a Inglaterra.

¿Terminaron aquí las incursiones británicas en Norteamérica? En absoluto. La isla de Roanoke seguía siendo un objetivo para los súbditos de la reina, así que lo volvieron a intentar en 1587. Esta vez, llegaron 90 hombres, 17 mujeres y 10 niños. La idea era disponer de un asentamiento permanente, desde el cual, ir colonizando diversas zonas de Norteamérica poco a poco. La isla de Roanoke era pues un punto estratégico.

El día 18 de agosto de ese año nació el primer niño inglés en América, fue una niña y la llamaron Virginia Dare y parecía, sin duda, todo un símbolo de que las cosas iban a salir bien esta vez…

¿Y fue así realmente? En absoluto.

El misterio de la colonia desaparecida

Los días transcurrían tranquilos. Inglaterra parecía esperanzada en sus ansias de fortuna en el continente americano, y los colonos de la isla Roanoke se limitaban, simplemente, a intentar llevar una vida normal, a construir casas, a echar raíces y a mentalizarse de que ese mundo era ahora el suyo. Aunque, obviamente, no lo era. Porque cada pedazo de tierra, cada árbol y cada brizna llevada por el viento, pertenecía no a los colonos, sino a los nativosa los Secatoans y Croatoans.

Eran dos clanes que convivían en armonía en la isla, y que ahora, se veían obligados también a establecer relaciones positivas con aquellos extranjeros. Los británicos así lo intentaban, y durante unos meses, respiraban aliviados e incluso satisfechos por sus avances en cuando a acuerdos y pequeños negocios con los nativos.

Ahora bien, a finales de ese mismo año en el que habían llegado a dichas costas, el señor George Howe apareció asesinado en la playa cuando iba a coger cangrejos. Era un mal augurio. Tanto fue así que el capitán de la colonia, el señor John White pensó que lo mejor era volver a Inglaterra para informar y tomar nuevas decisiones. No obstante, cuando White llegó a Inglaterra se encontró con que su país estaba en guerra con España, así que tardó casi 3 años en poder volver a la isla de Roanoke. Los 117 colonos quedaron abandonados a su suerte.

Ya imaginarás lo que ocurrió cuando por fin se emprendió el viaje de vuelta y alcanzaron de las tierras abandonadas. No había nadie. La colonia de ingleses asentados en la isla de Roanoke ya no existía, ahora bien, todo estaba sumido en sutil misterio:

  • No había marcas de violencia, de ataques, de batalla… No había rastro de sangre.
  • Las casas estaban en perfecto estado, las mesas puestas. Solo los graneros aparecían en mal estado debido al abandono, y al efecto de los elementos naturales…
  • No había cadáveres ni restos de ganado muerto. Solo existían dos tumbas, una, la del hombre que fue asesinado en la playa al ir a por cangrejos.
  • No había indicios de batalla, como hemos dicho, tampoco de carencias, de hambre y tampoco ninguna cruz maltesa, un signo pactado entre los colonos para alertar de un ataque…

Sólo existía una pista, pequeña, sutil. La palabra “CROATOAN” talladas en un poste, y las letras “CRO” en un árbol. ¿Fueron entonces los nativos? Nunca quedó claro, puesto que esa expedición llegada desde Inglaterra, apenas tuvo tiempo de investigar nada. Les fue imposible. Porque ocurrió otro fenómeno igual de extraño.

Se formó una tormenta tan intensa y brutal, que no tuvieron más remedio que embarcar de nuevo para alejarse de allí, y sólo a medida que avanzaban, se vieron libres, por fin, de aquella amenaza violenta de los elementos contra ellos. Partieron con el miedo y la incomprensión en sus corazones al no saber nada de sus 117 compatriotas.

Volvieron poco tiempo después para ahondar en aquel hecho traumático. Nunca se pudo saber nada, al menos con seguridad, sobre qué originó la desaparición de la primera colonia británica asentada en Norteamérica. No se desplazaron a otras tierras, tampoco se integraron en ningún pueblo nativos, ni hubo jamás pruebas de que los Croatoan fueran responsables de aquel enigma.

Por un tiempo, eso sí, se sospechó de que los españoles hubieran llegado a la isla en una avanzadilla para impedir el asentamiento británico en la zona. También cabe señalar una interesante leyenda que dice que una tribu nativa del Condado de Person, en Carolina del Norte, podría descender en realidad de los colonos ingleses de la Isla de Roanoke. Todo es posible, no obstante, nada ha quedado claro a día de hoy.

Todos aquellos hombres, mujeres  y niños son un enigma en la historia…

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Investigador y narrador por mero gusto y razonamiento excesivo de acontecimientos presentes y pasados. Sígueme en Facebook: Said Castillo



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